Otra vez rojos y cremas

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Opinión
Escrito por Fernando Ramos   
Martes, 16 de Diciembre de 2014 12:00

Otra vez rojos y cremas

Municipal tiene 29 títulos de liga, seguido por Comunicaciones con 28; ambos son los equipos más ganadores del fútbol nacional. Atrás de ellos, bien lejos, están Aurora y Xelajú, con 8 y 5 títulos, respectivamente. Quiere decir que en Guatemala el fútbol toda la vida ha sido de dos equipos, con pequeños lapsos en los que sus rachas ganadoras han sido interrumpidas por algún otro.

Llegado a este momento en el que nuevamente rojos y cremas disputarán la final, se puede decir que el “bi-equipismo” le ha hecho bastante daño al fútbol nacional, porque a nivel general se encuentra en su nivel más bajo; ni equipos ni selección pueden presumir de ser reales competidores.

Lo curioso, o extraño, es que a pesar de que en el país el fútbol es el deporte perdedor por excelencia y cada vez atrae a menos aficionados – quienes prefieren ver al Barcelona y al Real Madrid– sigue teniendo la mayor cantidad de patrocinadores privados, por lo que para los equipos que son campeones la mayoría de la veces todavía es un negocio rentable.

Con algunas excepciones, los 22 partidos de la etapa clasificatoria del fútbol nacional se juegan con escaso público. Es hasta la fase final que los equipos que clasifican logran atraer más gente a los estadios. Pero esos son pocos partidos y no se puede pretender ganar el dinero de todo el campeonato de esta forma. Entonces algo falla en las finanzas, porque incluso Comunicaciones, que lleva cuatro títulos en fila y está a punto de disputar el quinto, es incapaz de llevar gente al estadio. Por supuesto que hay muchos factores que influyen para que los aficionados se ausenten, principalmente la violencia y los precios altos. Cosas que a los dirigentes no parecen importarles, ellos están hechos con el ingreso por patrocinios. He ahí lo inexplicable, porque si pocas personas ven el fútbol ¿cuál es el beneficio que se obtiene por patrocinarlo?

El espectáculo que el fútbol nacional ofrece es de baja categoría, aún así se dan el lujo de cobrar caro por entrar a verlo. Adicional a lo que se paga en taquilla está la tarifa de parqueo –que no garantiza la seguridad del vehículo– y lo que se gasta en bebidas y comida adentro del estadio. Es lógico que sean pocos los que estén dispuestos a gastar tanto por ver algo que no lo vale.

Con raras excepciones, en el fútbol gana el equipo que más dinero tiene para invertir en contrataciones. Usualmente también son los más influyentes en la liga y por algún motivo, sin explicación, resulta que muchas veces son favorecidos por los árbitros, o por las circunstancias –como cuando Comunicaciones perdía por diferencia de tres goles y sucedió un apagón en el estadio, luego del cual milagrosamente remontaron para ganar el partido–. Quiere decir que los llamados equipos pequeños siempre competirán en desventaja.

La historia reciente del fútbol nacional está plagada de rumores y acusaciones de manipulación y amaño de partidos. Es usual que se diga que en ciertas canchas es imposible ganar de visitante, que tal o cual árbitro favorece a los equipos grandes, que dirigentes se meten al camerino visitante a amenazar al equipo rival, que los jugadores recibieron dinero para influir en el marcador; y así se extienden las situaciones anómalas que van en detrimento del deporte; pero que parece no afectar el negocio de los directivos de equipos, porque no se ve que hagan algo para sanear el fútbol.

Rojos y cremas, ambos no en su mejor nivel, disputarán de nuevo la final del campeonato nacional. El primero lleva tres años sin festejar algún título. El segundo ha ganado cuatro en fila, pero no por eso tiene un equipo que sea del agrado de quien lo ve; ni tiene jugadores “referentes” –como le gusta decir a los narradores y comentaristas–, quizá “el moyo” Contreras, de ahí nada. No importa quién de los dos gane, inmersos en esta dinámica, el fútbol seguirá perdiendo.

Publicado por EL SALMÓN/Fernando Ramos

 
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